una arquitectura para preservar

El turismo cambiaba rápidamente el paisaje.
Las casas proliferaban como hongos
y distinguí varios hoteles de lujo entre los pinos.

Juan Goytisolo ("La isla”, 1961)

Aunque el crecimiento urbano de Torremolinos -sin duda caracterizado durante mucho tiempo por el desorden y la especulación- ha sido cuestionado en bloque, en la actualidad un análisis más sosegado nos permite apreciar que no todo en este desarrollo urbano fue negativo. Y no solo nos referimos a ese período ya conocido como “estilo del relax” que en los años cincuenta y primeros sesenta adaptó el Movimiento Moderno y la herencia post-decó a la amabilidad de la costa con magníficos edificios como el bazar Aladino (Fernando Morilla, 1953), el hotel Pez Espada (Juan Jáuregui Briales y Manuel Muñoz Monasterio, 1959) y otros ya desaparecidos. Sino a muchos de los edificios y urbanizaciones posteriores, sujetos a las demandas de los promotores y el mercado, pero valiéndose de una arquitectura avanzada e interesante que los redime frente a la deliberada vulgaridad de los edificios que ahora proliferan en tantos municipios españoles.

Bazar Aladino. Fernando Morilla (1953).

Los hoteles son quizás las construcciones mejor conservadas, al menos sus fachadas, y en ellos se aprecia el estilo internacional que caracterizó a Torremolinos. Los edificios de viviendas, por el contrario, padecen la colocación de cierres de aluminio, tendederos y otros antiestéticos añadidos exteriores. Se hace imprescindible otorgar un grado de protección a las construcciones más destacadas, aprobando unas normas estilísticas obligatorias para toda actuación y reforma en sus fachadas, uniformar los cierres de sus terrazas y recuperar la imagen original de sus locales. Como ejemplo, el excelente conjunto La Nogalera (Antonio Lamela Martínez, 1963), que debería ser el paradigma del lujo en pleno centro de Torremolinos y muestra hoy un aspecto deteriorado.

Urbanización La Nogalera.
Antonio Lamela (1963).
Fotografías del Libro
"Lamela, urbanística y arquitectura.
Realizaciones y proyectos 1954-1992"
Urbanización Playamar.
Antonio Lamela (1963)
La Meridiana/San Enrique.
Antonio Lamela (1969).
Gentileza Estudio Lamela.

Otras edificaciones que deben incluirse en una puesta en valor de la arquitectura de Torremolinos son el hotel Carihuela Palace (Manuel Jaen, 1960). El conjunto Eurosol (Rafael de la Hoz y Gerardo Olivares, 1963) que conserva magníficos jardines. La impactante urbanización Playamar (Antonio Lamela, 1963) cuya construcción fue polémica por la altura de sus torres. El hotel Cervantes (Fernando Rodríguez y Ricardo Álvarez de Toledo, 1970). Las Tres Torres (Luis Alfonso Pagán, 1971) de la avenida de los Manantiales, en la estela de las levantadas en Madrid por Sáenz de Oiza; en ellas es preciso frenar el progresivo deterioro de sus balcones y de sus elementos decorativos originarios basados en formas circulares. El edificio Castillo de Santa Clara (José Mª Santos Rein, 1971). También el centro Entreplazas, cuyos magníficos interiores (colores originales, logotipos, rótulos y lámparas) son hoy despreciados. La urbanización Pueblo Blanco (Antonio Valero Navarrete, 1972) que actualizó la arquitectura popular cuidando al máximo los detalles. Sin olvidar la arquitectura pública con su mejor ejemplo en el Palacio de Congresos y Exposiciones (Rafael de la Hoz y Gerardo Olivares, 1967) mal gestionado y con su entorno amenazado por la especulación.

Tres Torres en avda. de los Manantiales. Luis A. Pagán López (1971)
Escalera en las Tres Torres

Torremolinos ha padecido durante muchos años escasas inversiones públicas, el deterioro de su centro y de sus edificaciones. La autonomía municipal alcanzada por la localidad en 1989 -año en el que deja de ser una barriada de Málaga para convertirse en municipio- abre la puerta a una progresiva recuperación de la localidad, a un nuevo auge de inversiones que sin duda le pueden devolver el esplendor pasado, como referente de modernidad, estilo y libertad. Las disposiciones municipales actuales van por el buen camino: atraer de nuevo un turismo residencial y aumentar la calidad de las construcciones.

Hotel Tres Carabelas, hoy Meliá Torremolinos.
Antonio Lamela (1961)

La renovación de Torremolinos no debe implicar la eliminación de todo vestigio arquitectónico o decorativo anterior. Es preciso renovar, pero a la vez conservar todo lo que hay de interesante. El reciente arreglo del complejo La Meridiana, denominado también San Enrique, y la ubicación del centro comercial San Miguel en sus bajos ha revelado a muchos su interesante arquitectura. Sirva de ejemplo para actuaciones aún más ambiciosas que recuperen el aspecto original de las mejores construcciones de Torremolinos.
Postal con el edificio Entreplazas en construcción
El tipismo reinventado: Pueblo Blanco.
Valero Navarrete (1973).

otros municipios de la costa del sol

Mijas-Costa Hotel Mare Nostrum, recientemente demolido. Fuengirola
Hotel Don Carlos. Marbella.
José Mª Santos Rein y Alberto López Palanco (1967)
Hotel Coronado. Marbella.
Fernando Rodríguez Ibáñez (1970)