anécdotas/personajes

Torremolinos, meca del mundo, yo te saludo tres veces.
James A. Michener (“Hijos de Torremolinos”, 1971)

...de ese lugar que no puede encontrar parangón con
ningún otro. De esa magia llamada Torremolinos.
Antonio D. Olano (“Guía Secreta de la Costa del Sol”, 1974)


Dedicamos esta sección a personajes singulares que habitaron en Torremolinos y a las anécdotas que recuerdan quienes vivieron aquellos años de esplendor.

Ballet español de Paco Romero (1973).
Cedida por Miguel Sánchez Alberca

Antonio Olano, escritor y cronista social de los años 70 y primeros 80, nos describe en su imprescindible “Guia Secreta de la Costa del Sol” (Edit. Al-Borak, Madrid, 1974) las desventuras de dos de los personajes más extravagantes de Torremolinos:  

"Peter Kent.- Era el hombre de Pedro´s. En Torremolinos nunca hubo petróleo y Torremolinos está, ello es evidente, más lejos de Washington que Washington del Estado de Arizona. No obstante también llegaron aventureros y, entre ellos, Peter Kent, con nombre de personaje de cuentos infantiles . Él fue quien dio vitalidad  al establecimiento y lo convertió en un lugar de moda. Un dia decidió "tomar las de Villadiego"- que en su caso fueron las de Tánger- y vendió dos veces su establecimiento, cosa que al parecer no hizo gracia a ninguno de los dos compradores, que se enredaron en pleitos judiciales y conseguieron que Peter Kent fuese buscado con requisitorias judiciales".

Bar Pedro´s (1973).
Cedida por Miguel Sánchez Alberca


"Lord Willoughby.-Toda la explicación que los nativos dan a esta casa, “El hombre que bailó sobre un volcán”, es ésta: `Vivía un extranjero, que le puso ese nombre. Un dia bailó sobre un volcán, en el mar, dentro de un barco. Naufragó y se hundió. Cogió un yate, se fue por ahí y ya no volvió más´. La realidad es otra. Efectivamente, un muchacho británico de muy helénicas costumbres, acondicionó y bautizó la casa. Era "el joven más rico del mundo". Tenía unos veinticinco años. Lord Willougby, era hijo de los Duques de Lancaster, nieto de Lady Astor, protectora de G. Bernard Shaw. Entre sus muchas aventuras, figuró la de protector de la música pop y participó activamente en la fama y promoción de The Beatles. Fundó una de las primeras discotecas de Torremolinos, “Lali-Lali”, que ocupaba el lugar que hoy ocupa “Noche y día”. La historia de que murió "sobre un volcán, en el mar", tiene dentro de la fantasía, algo de verosimilitud. Efectivamente, se encontraba en un yate, frente a Cannes. De pronto se hundió y allí perdió la vida Lord Willoughby. Se especuló sobre un naufragio provocado, como consecuencia de un arreglo de cuentas por un asunto de drogas."

La relaciones públicas de "Lali-Lali" era la esposa del modisto Elio Berhanyer, según testimonio del Conde de Casa Padilla. Pepe Carleton recuerda en un artículo (diario El País) a Lord Timothy Willoughby como el hombre más guapo que pasó por Tánger. Por otra parte, el galerista británico Joey Mellen relata en sus memorias el grupo de amigos de lord Timothy Willoughby, un elegante círculo entre la modernidad y la decadencia: Michael Rayne y su futura esposa Jane Ormesby-Gore que vestían en su boutique a los nuevos grupos como The Beatles o The Rolling Stones; Sir Mark Palmer, paje de la Reina; el interiorista Chistopher Gibbs; el director de cine Kenneth Anger, entregado al ocultismo y autor del escandaloso libro "Hollywood Babilonia"; o Joshua MacMillan, un alucinado nieto del primer ministro británico. Su lugar favorito era Torremolinos, donde la hermana de Rayne, la aristocrática Shelagh Tennant, era dueña de un night club. La localidad era el voluntario exilio de beatniks, bohemios de lujo y tempranos hippies que apreciaban los placeres diversos de Torremolinos. Lord Willoughby desapareció en el mar entre Cap Ferrat y Córcega en 1963, cuando contaba 27 años de edad.

Yolo, presentador-cantante de la discoteca
El Madrigal (Benalmádena, 1971)
Discoteca Madox.
Cedida por Miguel Sánchez Alberca

Una joyería de calle San Miguel tenía en su vitrina un gato persa vivo, que exhibían con collares de piedras preciosas.

Se dice que una infanta, hija de don Alfonso XIII se encontraba, en los días de la inauguración del hotel Pez Espada, con alguna copa de más.

Del Pez Espada recuerdan su etiqueta en los primeros años. Por ejemplo, para el aperitivo los caballeros debían vestir chaqueta blanca y corbata.

Torremolinos contaba con un cine en pleno centro de la localidad, con la particularidad de que en él se podía beber y fumar. Tenía una pequeña barra al fondo, y mesitas donde poner las copas.

Joaquín Ruiz de la Reina daba fiestas en su hacienda San Javier de Churriana (entre Málaga y Torremolinos) para lo más granado de la zona. La casa estaba decorada con muebles antiguos, y entre los cuadros destacaba un Van Dyck. Los criados servían con guantes blancos. El anfitrión –al que recuerdan amabilísimo y buen bebedor- repetía a las estiradas condesas suecas: “No más comida, nosotros solo bebemos.” Contrataba cinco taxis para trasladar a sus invitados desde Torremolinos.

Zapico, tal era su apellido, llegó a Torremolinos con sus túnicas con cola y acompañado de dos esclavas.

¿Se magnificó el mito de las nórdicas ligando con los habitantes autóctonos? Algunos no lo recuerdan precisamente como una leyenda al rememorar el pasaje Zacatín y el éxito con las turistas de los componentes grupos ye-yés locales y de los camareros de los bares.

Calle San Miguel.
Cedida por www.guateque.net

John Lennon reconoció en unas declaraciones que tuvo experiencias “gay” no consumadas durante su estancia en Torremolinos con Brian Epstein, manager del grupo, en 1963. En su biografía contó: “nos sentábamos en un bar de Torremolinos a mirar a los chicos...”. Brian Epstein volvería en diversas ocasiones hasta su muerte en 1967.

Una de las más elegantes y bellas visitantes era la exiliada Reina Geraldine de Albania. Se alojaba por lo general en casa de la familia Von Haartman, en Churriana, ya que la esposa –nacida Condesa Zichy- pertenecía a la nobleza húngara al igual que la reina, y ambas se conocían desde niñas.

Arturo, bailarín del show de flamenco y transformismo de Miguel de Bonanza en Benalmádena, al terminar el espectáculo se iba a Torremolinos sin quitarse siquiera el maquillaje, y en la barra del drugstore Noche y Día bebía ginebra sin límite.

En el extranjero se remitía una carta a Torremolinos sin colocar provincia ni país, y llegaba a su destino.

Torremolinos contó con su propio museo de cera: se denominaba “Museo de Cera de Londres” (“London Wax Museum”) porque era nada menos que una sucursal del famoso museo de Madame Tussaud. Contaba con seis secciones: historia, toreo, fantasía, literatura, flamenco y horrores.

Un gobernador civil de Málaga, bajo el franquismo, orquestó una de las más sonadas redadas. Dos furgones policiales se apostaron en cada salida del pasaje Begoña, y todos los que estaban allí fueron detenidos. Se dice que los celos de su mujer fueron origen de la redada.

Algunos recuerdan las ocasionales redadas del Torremolinos de los sesenta casi como una fiesta. Estas redadas tenían como objeto contentar a los conservadores más recalcitrantes del régimen, pero los detenidos eran puestos en libertad al día siguiente.

Las etiquetas para el equipaje del hotel Pez Espada se pagaban en el extranjero a un alto precio. Los snobs podían presumir así de haber estado en el Pez Espada.

Un turista ebrio o drogado formó un gran escándalo en la costa, disparando tiros al aire y estrellándose con su coche. En la comisaría no lograban entenderle; finalmente un médico que hablaba francés lo creyó cuando afirmaba ser el Barón de Rotschild y estar alojado en el Pez Espada. El hotel envió de inmediato un vehículo para recogerlo. Esta anécdota nos la han referido los sobrinos del médico, Diego Rosado, que pasó a ser médico personal del barón tras el incidente.

Un camarero del restaurante La Brocherie, acudía a tomar nota a los clientes con unas pestañas postizas colocadas y un pepino en la mano que usaba a modo de micro.

Maite, de Pour quoi pas? fue testigo una fiesta privada que se celebró con el lema “todos desnudos de cintura para arriba”. A las tantas de la madrugada se decidió hacer extensiva la consigna a la cintura hacia abajo.

Maite de Pour quoi pas? (1971)

Una japonesa se llevaba pescado crudo a las discotecas y se lo comía delante de los demás clientes para llamar la atención. Todavía no había cundido la moda del sushi.

La fiesta “el hombre de las cavernas” celebrada en una residencia de Torremolinos en 1957 tuvo tanta repercusión que fue incluso reseñada en “The New York Times”.

“Pablito” presumía de ser el primer chino que montó un restaurante chino en España. Hoy día tiene una tienda de productos orientales en el centro de Torremolinos.

Ya hemos relatado que la discoteca Barbarela tenía la forma redondeada de un platillo volante. Poco después se edificó un ambulatorio en la ciudad de Málaga al que los malagueños apodaron "Barbarela" por su semejanza con la discoteca, nombre por el que aún es conocido. Una óptica situada frente al ambulatorio escogió el nombre de Barbarela por su cercanía al centro médico, y tiene hoy abiertas diversas sucursales en la capital malagueña con el nombre de "Óptica Barbarela".

Antonio Marques fue maitre de la sala de fiestas El Remo. Con 600.000 pesetas que le regaló una prima del Sha de Persia, pudo poner su chiringuito en la plaza del Remo de la Carihuela, donde conquistó a la nobleza con sus guisos caseros.

El Papagayo fue la sala de fiestas que montó el Barón de Gotor en la bajada desde la recién construida Nogalera (bajada del cementerio) cerca de la playa. A la inauguración asistieron su hermano el Marqués de Villaverde y, por unas horas, el mismísimo General Franco, lo que provocó el corte de numerosas calles.

La feria de Torremolinos de 1976 recogía entre sus actos la carrera de camareros en calle San Miguel, con premios a los vencedores: “Todos los participantes deberán estar perfectamente uniformados y portar la correspondiente bandeja...”

El periodista Francisco Cortés (SUR 03/09/03) recuerda la siguiente anécdota: en la sala de fiestas Los Violines actuó Sara Montiel en su época de máximo esplendor. Cantando una de sus canciones "y para darle más sensualidad no se le ocurrió otra cosa que sentarse en las rodillas de uno de los espectadores de primera fila y éste, que había bebido más de la cuenta, agarro con sus manos los pechos de la Montiel y como si fueran unas bocinas gritó ¡Pó, pó!. Ya se pueden imaginar la que se formó en la sala y la indignación de Sara, que lo quería matar a golpes con el micrófono."

Muchos comparan la Costa del Sol con California. El director de cine Jess Franco ha relatado (El País de las Tentaciones 25/07/03) que trajo para un rodaje al actor norteamericano Mike Connors, que no había salido de California. En el trayecto del aeropuerto a Torremolinos exclamó: "¡He hecho 12.000 kilómetros para llegar a mi casa!".

En una villa de Montemar, que aún sigue en pie, vivió hace años la viuda del último embajador del Zar de Rusia en España. Algunos vecinos aún recuerdan los muebles de madera tallados con el águila imperial.

Pidieron una fotografía dedicada al muy chic duque de Windsor y, a través de su secretario, solicitó dinero por firmarla.

 

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