Helmut Boutique
Bares Black Cat y Fígaro.
Foto del libro "Guía Secreta de La Costa del Sol" de Antonio D. Olano
En Torremolinos (1974).
Cedida por Bob Howe
Bar Bier Keller.
Foto del libro "Guía Secreta de La Costa del Sol" de Antonio D. Olano

hippies y acid rock

Recuerdo un día en Torremolinos en que vi una de esas
comunas hippies y todo el mundo tenía veinte años
y nadie tenía ninguna obligación y todo era maravilloso
James A. Michener ("Hijos de Torremolinos", 1971)


Con sus melenas y barbas, su pacifismo, su amor a las flores, a las drogas alucinógenas, al amor libre y a un entendimiento de la vida alejado de obligaciones y corsés burgueses, los hippies de los años sesenta y primeros setenta estuvieron también en Torremolinos.
Ya hemos citado en el apartado de visitantes al doctor Timothy Leary, un famoso ideólogo controvertido por su defensa de las drogas. Este polémico personaje estuvo en la ciudad en 1959 y ha dejado relatada su experiencia en Torremolinos con sustancias que lo dejaron postrado durante varios días.
Pero, además de este conocido gurú de la psicodelia, muchos jóvenes inconformistas recalaron en Torremolinos. James Michener en su ya citado libro “The Drifters” -traducido como “Hijos de Torremolinos”- se refiere a los cientos de jóvenes que vagaban por las calles de la localidad evitando tropiezos con la policía, y sitúa Torremolinos en un circuito que pasaba por lugares como Marrakesh, Antibes o Mallorca. Menciona asimismo los estilos musicales de los discos se oían en la localidad: psicodelia, folk-rock, guiños medievales u orientales.
Como en todo movimiento rompedor, el fenómeno hippie pronto se vacía de sus contenidos para convertirse en una moda. Y Torremolinos, lugar de moda, se vió inundado de vestimentas floreadas con reminiscencias árabes e hindúes, lentejuelas, flores en el pelo y mística budista. Ángel Palomino, en su novela “Torremolinos Gran Hotel”, afirma que los clientes de la terraza del bar Pedro´s: “no son hippies pero simpatizan: les gusta andar descalzos, no dar golpe, vestir, según la inspiración del momento, lo mismo a lo Dorian Grey que a lo Garibaldi que a lo Confucio. No se meten con nadie, beben lentamente, fuman tabaco, marihuana o lo que sea”.
Antonio D. Olano en la “Guía secreta de la Costa del Sol” (1974) distingue a estos hippies “de moda” que se exhiben en los bares y discotecas de Torremolinos y que visten en tiendas como las del edificio Entreplazas -que, afirma, nada tienen que envidiar a las de Carnaby Street- de los hippies auténticos quienes se concentraban en la zona de La Carihuela, en bares como “Black fat pussy cat” o “Fígaro”. Estos bares estaban decorados con velas, papel de periódico o collages en las paredes y en ellos se fumaba “hierba”. Fígaro, además, tenía banderas canadienses decorando su fachada.
Estas modas extranjeras pronto tuvieron su reflejo local: los “pasotas” de los años setenta, procedentes muchos de ellos de la ciudad de Málaga, con un acervo musical basado en el rock progresivo, que confraternizaban con los foráneos en lugares como la cervecería “Bier-Keller”.
Los últimos años setenta alumbraron otros movimientos: la fiebre de la música disco que arrasó en todas las discotecas de Montemar, el glam-rock o el punk, que también irrumpió en Torremolinos en locales como Disney, pero esa es ya otra historia.

   

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