¡aló!, ¿montemar?

Tomaron para vivir una bonita casa blanca.
Y su hijo fue compañero de juegos de niños que reían,
desnudos, haciendo castillos de arena en la playa.

José Marzo (“Tormenta en la Costa del Sol”, 1970)

Este apartado, de nombre aparentemente frívolo, lo consagramos a un problema muy serio: la demolición sistemática de villas y mansiones de Montemar y su sustitución por impersonales bloques de pisos y chalés adosados. Vulnerando la ordenación vigente, que impone la vivienda unifamiliar aislada como tipología para toda la zona.

Esta destrucción del barrio más residencial de Torremolinos, con el aval del Ayuntamiento, es una ofensa al buen gusto y a la historia de la localidad. Sus villas de los años 40, 50, 60, edificadas con elegancia y sobriedad, pertenecen a la historia arquitectónica y turística de la Costa, y también a la literaria, pues fueron escenario obligado de las novelas de autores internacionales como Michener, Goytisolo, McGivern, Sánchez Dragó, Palomino. Estas casas representan una época de esplendor y fama internacional de Torremolinos, y albergaron personajes cosmopolitas y sofisticados, venidos de todo el mundo, como el melómano y mecenas Henry Boguslawski, o como el último embajador del zar Nicolas II en España.

Se derribó "El Olivo", la mejor mansión de Montemar y de la que, por desgracia, solo queda el letrero de su fachada. Se demolió "El Heliotropo", chalé de la impagable Marujita Díaz, y así, parcela a parcela, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Torremolinos va facilitando la sustitución de estas maravillosas casas por vulgares adosados.

La estrategia que lleva a cabo el Ayuntamiento es siempre la misma. En cada caso lleva a Pleno municipal una modificación puntual de elementos en una parcela, que facilita a la constructora de turno la sustitución de la tipología unifamiliar por un número de viviendas más o menos elevado. Aplastando los derechos de los vecinos que en su día adquirieron los chalés colindantes.

En julio de 2003 se hicieron dos de estas modificaciones puntuales en parcelas de calle Don Juan Manuel y calle Francisco de Quevedo. En febrero de 2004, otra en entre las calles Don Juan Manuel y Marujita Díaz, con el voto en contra de la oposición.

Dice nuestro ínclito Alcalde que es bueno que en Montemar se instalen nuevos vecinos. Pero no aclara si es porque los vecinos actuales no le gustan, o porque considera más bonito que en Montemar se sustituyan las villas y mansiones por adosados y edificios. Pero tiene razón, es bueno que se instalen nuevos vecinos: sobre todo para las promotoras.
Por eso aconsejamos al edil que haga una propuesta internacional, para que todos los paraísos de lujo puedan beneficiarse de esas bondades; y se derriben las mansiones y villas de Long Island, el lago de Como o Palm Beach, para edificar adosados y bloques. El mundo se lo agradecerá.
Nosotros, sin embargo, preferimos defender la historia, la buena arquitectura y la conveniencia de que Torremolinos cuente con algunas zonas no masificadas. Salvemos lo que queda de Montemar, sus casas y sus jardines, patrimonio hoy de todos nosotros y de nuestra memoria.