salas de fiesta, discotecas, bares

En la Costa del Sol todos los días son días de
fiesta; todas las noches, noches de sábado.

Ángel Palomino (“Torremolinos Gran Hotel”, 1972)

En el centro de la aldea y de la tierra,
entre bares de lujo y mujeres felinas y colmilludas,
dispuestas a destrozarme y a despedazarme
en mi lecho de camparis y ginebras.
Fernando Sánchez Dragó ("Eldorado", 1961)

Esperamos ir incorporando a esta página, con su ayuda, información sobre los diferentes locales de diversión que tuvo Torremolinos, desde los míticos “El Mañana”, “El Remo”, “El Copo”, la sala de fiestas “Lido”, el “Pedro´s”, “Lali Lali”, pasando por tantos locales de nombre evocador: “Joy”, “Tabú”, la lujosa “Boga-Boga”, “Caprice”, “Metro”, “Number One”, la elegante sala de fiestas “Los Violines”, el muy in “Long Play", “Papillón”/”Butterfly”, “Pato-Pato”, la discoteca “Picasso” y bares que aún perviven como “Pour quoi pas?”, “Red lion”, “El toro” o “The galloping major”.

Locales que ya no existen

Fue espectacular la sala de fiestas “El Mañana”, al aire libre con un precioso jardín con arbustos, magnolias y rosales; tenía varias orquestas, espectáculos y dos pistas de baile. Ocupaba seiscientos metros cuadrados y fue inaugurada en 1954.

Publicidad de El Mañana.
Cedida por Alex Hernando Westerheide

A la entrada de Torremolinos estuvo la discoteca “Barbarela”. Personaje femenino de cómic de Jean Claude Forest, Barbarella fue llevada al cine por Roger Vadim en 1968. La película encumbró a su protagonista, Jane Fonda, a la categoría de mito erótico y ha pasado a la historia del cine por su estética delirante y psicodélica entre futurista y sixties: naves espaciales tapizadas de pelo naranja, modelos marcianos de Paco Rabanne, botas y bikinis plateados y placeres galácticos. En Torremolinos, localidad siempre "a la última", se inauguró una discoteca bautizada, en honor a la película, con el nombre de "Barbarela". La discoteca explotaba también el delirio sesenta-espacial, tal que un platillo volante. En ella llegaron a actuar un joven Tom Jones, y el nº 1 mundial del momento Athur Conley, autor de la canción "La tierra de las mil danzas". Cerró en 1972.

Los Enigros delante de Barbarela (1969)
Los Robinson's posan ante Barbarela (1969).
Fotos cedidas por www.guateque.net

No lejos, aunque posterior en el tiempo, estuvo la discoteca “Mach-One”, un lugar muy moderno con público psicodélico y ye-yé. Tenía suelos metalizados, plataformas y podiums metálicos, la pista de baile estaba en una hondonada, y los asientos se distribuían en gradas alrededor. Tenía una discreta barra, mini-boutique y una cabina casi espacial para el disc-jockey. Las tarjetas de publicidad de la discoteca presentaban dibujos también muy psicodélicos: ojos, rayos. Posteriormente se convertiría en “Bronx” y hoy el local está cerrado. A su lado, el actual edificio de Hacienda, ocupa el lugar donde abrió por poco tiempo la discoteca "Galaxy".

En la plaza de la Costa del Sol y sus aledaños estuvieron ubicados El “Jockey-Club”, situado en la esquina con calle San Miguel. El “Scotch Club”, cuyo manager era Steffano Capriatti (padre de la famosa tenista Jennifer Capriatti). La discoteca " Le Bilboquet", de 1961, y sobre ella la taberna flamenca "La Bodega andaluza". La fugaz discoteca "Le Barón". Y los sin duda más conocidos: el “Bar Central” de los hermanos Manoja. El “Pedro´s”, propiedad del norteamericano Peter Kent (ver el apartado de personajes de la Costa) y que aparece en numerosas novelas, bar que además tenía su propia discoteca ("Le club"), solo para socios. Y el “V.I.P"; Según relata Antonio D. Olano en su libro, el interior del V.I.P. estaba abovedado, con vigas blancas, "y su gran ventanal abierto tenía vistas a la calle y por lo tanto, al carnaval que por ella desfila, constante, incesante, crecientemente. Los que se colocan en la barra son los clientes habituales... y suelen tener “su” botella de whisky y así, a la hora de invitar, piden: 'De mi botella'".

Bares VIP Club y, seguido, Pedro´s
Terrazas de VIP y Pedro's.
Cedida por Enrique Rengel Rodríguez

La cantante holandesa de jazz Pia Beck fue propietaria del club de jazzBlue note” en los años sesenta. Muy cerca estaban las salas de fiesta “El Tabarín”, con guapas chicas, y “Le Fiacre”. Todos estos locales fueron posteriormente unidos para dar lugar a la macrodiscoteca “Pipper´s”, de estrecho acceso pero enormes dimensiones. Su público era muy joven y Olano nos describe sus indumentarias: “las camisas, los pantalones, están combinados de cualquier manera. Y cuanto más chillen sus colores o reluzcan las lentejuelas, mejor que mejor. Es para ellos el máximo de al elegancia una camisa con chorreras, a ser posible color morado nazareno. Los zapatos con altos tacones, desproporcionados, y el no va más es que lleven cadenetas, monedas y brillen al máximo.”

Cartel de Pia Beck en Torremolinos.
Cedida por Violette Oudkerk
Logotipo de la discoteca Piper's.
Facilitado por Javier Ribelles Vázquez
Entrada de la discoteca Piper's.
Cedida por José Manuel Gª Fernández

Junto a “Pipper's” estuvo uno de los primeros burguers, “Wendy's”, local con cierto chic: decoración de madera, carteles de cine.

 


Facilitados por Miguel Sánchez Alberca
(www.guateque.net)

En el cercano pasaje Pizarro se ubicaron “Holanda Bar”, el nórdico “Moby Dick”, decorado con grabados policromados, “Los rumberos”, que exhibía fotografías de los clientes (una costumbre muy de Torremolinos); “Franser bar”, y en el pasaje Begoña: “Bossanova”, “Mi bohío”(con música sudamericana), “Au rendez vous-dancing”, “The Duke of Wellington”,“Serafino”; el dueño de Serafino era Serafín Ponte, también propietario de Franser, famoso por hacer, acompañado de un guitarrista, el ritmo de la batería con su caja registradora. También estaba, en un primer piso, la discoteca “El refugio” frecuentada por camareros de los demás locales.

Entrada de Au Rendez vous Dancing.
Cedida por José Manuel García Fernández

En la calle María Barabino se abrieron varios bares y discotecas de entre lo más moderno de Torremolinos: “Bar Beachcomber”, “Play Boy ”, “Old Dutch”, “The galloping major”, “Eldorado”, “Shelagh´s” y “El Consulado”.

Beachcomber (izqda). Galloping Mayor, Eldorado y Shelag´s (sobre estas líneas).
Fotos cedidas por Manuel Vega Trigo

En el “Beachcomber” la atracción musical era el pianista Don Carey.
Al lado estaba el “Play Boy”, propiedad de un argentino, que plagiaba el nombre y el logotipo de esta marca; cuentan que el dueño de la verdadera cadena Play Boy pasó por Torremolinos en rolls-royce y quiso verlo.
A la discoteca “El Dorado”, que da nombre a una novela de Fernando Sánchez-Dragó, acudían quienes querían divertirse y a la vez quedar bien con sus invitados. El local, con un público muy variado, estaba decorado como en el viejo Oeste (ver postal en la sección Torremolinos la nuit).
Frente a "El Dorado" estaba “El Consulado”, un bar al estilo del "VIP".
El disco-bar “Shelagh´s”, estaba regentado por la aristócrata inglesa Shelagh Tennant, y en él se pinchaban las primeras canciones de The Beatles y también se hacía música en directo golpeando las botellas. Es el local actualmente denominado "Tina´s".
De aquella época quedan intactos el "Old Dutch" y el "Galloping Major", de los que hablaremos más adelante.

cedido por www.guateque.net TopTen (1969). Cedida por Miguel Sánchez Alberca

El pasaje Pizarro albergó diversos bares en los que tocaban los grupos pop y ye-yés de la época: “Top Twenty”, “El Groto”, y sobre todo el “Top-ten”. Tras cerrar el Top-ten su propietario, Tati Ojeda, montó el restaurante “Chipén”.

En la internacionalmente famosa calle San Miguel destacó el bar “Quitapenas” tan frecuentado por los extranjeros; La cervecería “El Bier Keller”, ubicada en un sótano y decorada con ladrillo, vigas de madera y falsas antorchas; y los bares “La tortuga”, “The mayfair”, y “Betty´s Bar” cuya propietaria era la inglesa Betty Pope -quien había sido novillera en los años treinta- y donde se podía oir buena música de jazz; Ava Gardner visitó el local. Y “El Toro” que es un bar que aún permanece abierto. Y, en la cercana plaza de la gamba alegre, el "Harry´s bar", propiedad de un británico aficionado a los sanfermines y a las corridas de toros, amigo del matador Antonio Ordóñez.

En los bajos del edificio San Enrique estuvo abierto el “Caf'Conç”, un cabaret a semejanza de los de París, con decoración art-noveau, y que contaba con espectáculos y la presencia del pianista Georges.

Hubo locales repartidos por el centro de Torremolinos que, según la Guía Secreta de la Costa del Sol, tuvieron un público preferentemente gay, pese a las eventuales redadas en la época, fueron: “El Potro” pequeño local de techo muy bajo y barra de madera con fondo de espejos, ubicado en el pasaje de la Gitanilla, “Pour quoi pas?” (del que hablaremos más adelante) en La Nogalera, “Juanele” situado en la plaza de Andalucía en un piso sobre el restaurante francés “Chez Vous”, “Bavaria”, (emplazado detrás del “Mach One”) y “Bolero”, que los cronistas recuerdan presidido por un gran abanico y decorado con pésimo gusto.

En La Nogalera se ubicó el club y restaurante “King´s club ”, propiedad del príncipe Alfonso de Hohenlohe: era de máxima categoría y los cubiertos eran de planta. Debajo se ubicó el bar, “Poker club ”.

King's Club.
Cedida por Inmobiliaria La Nogalera, S.A.

La zona residencial de Montemar fue también un lugar preferente de diversión. El "Cleopatra", en la avenida Carlota Alessandri, fue una sala de fiestas emblema de los años setenta. Construida sobre el lugar donde estuvo la sala de fiestas “El Copo", no fue la más grande, tampoco la de más etiqueta ni la que contó con mayores medios. Pero sin duda fue una de las más divertidas y representativas de la excentricidad de la Costa del Sol. Cuentan que, tras su inauguración en 1971, un auténtico séquito egipcio, con una cuádriga, esclavas, porteadores y la propia reina egipcia llevada a hombros sobre una silla de manos, repartían la publicidad del local en las playas de Torremolinos. La oferta de esta sala de fiestas incluía siempre una orquesta y un cantante, un espectáculo de flamenco, un ballet contemporáneo y algún ilusionista. Allí se realizaron los primeros strip-tease, y Nadiuska ejerció como excepcional relaciones públicas en alguna de sus fiestas. La sala estaba entelada y enmoquetada en color rojo y se entraba a ella a través de una gigantesca cabeza de la reina Cleopatra, dorada y con pedrería.

Interior de Cleopatra (1971)
Publicidad de la Sala de Fiestas Cleopatra
“Tiffany´s” fue sin duda una de las discotecas más populares de los años setenta. No solo frecuentada por turistas: te encontrabas allí, según testimonios, "a toda Málaga". Tiffany´s tenía una arquitectura exterior encalada típicamente andaluza, y su interior era muy espacioso y moderno, con muchas luces moradas y naranjas, bolas de espejos y go-gós bailando. Las mesitas, bajas y redondas, se repartían alrededor de una gran pista circular, con una llamativa barra en forma de "S". Hubo a la entrada de la discoteca una gran jaula con palomas. Su emblema se popularizó en llaveros, camisetas, adhesivos para el coche.

En “Tabú”, discoteca con un logotipo de totem, los más jóvenes, especialmente extranjeros, bailaban música pop y rock hasta el amanecer.

Discoteca Tabú. Cedida por Miguel Ángel Guerrero García


“Metro Club”
fue uno de los locales mejor instalados de la Costa del Sol. Decoración ferroviaria muy original, a base de madera remachada con metales dorados, con vagones de tren en su interior. Tenía dos barras. Sus clientes eran predominantemente españoles entre 25 y 50 años: veraneantes de la alta buguesía y malagueños acomodados. Cuando decayó su público pasó a la discoteca "Madson" de Benalmádena, del mismo propietario que la sala de fiestas "El Madrigal".

El Madrigal. Cedida por Miguel Ángel Guerrero García

Entrada la de sala de fiestas El Madrigal .
Cedida por José Manuel Gª Fernández

Entrada de la discoteca Boga Boga.
Cedida por José Manuel Gª Fernández

En la Carihuela estuvo desde finales de los 50 “El pirata”, era la casa de un marengo adaptada a bar-discoteca-tablao, y cerró en 1962. Fue la Carihuela, más adelante, el lugar preferido de los hippies. Tres fueron los principales locales frecuentados por esa generación del pacifismo, las flores y la libertad sexual: “Old Crow”, “Fat black pussy cat” y “Fígaro”, decorados con collages y velas. En ellos, según la Guía Secreta de la Costa del Sol, se fumaba “hierba”. Solo continúa "Black cat", pero ya es un bar inglés corriente.

En Playamar estuvo la discoteca "El Bounty", de corta vida. Y también el "Isabella´s club", perteciente al hotel homónimo, frecuentado por lo "niños bien" de Málaga.

Tablao El Jaleo. Mariquilla.
Cedida por Miguel Sánchez Alberca

Y no podemos nuestro viaje al pasado sin enumerar los tablaos. La Costa del Sol no sería la misma sin el flamenco-show. El tipismo complementaba la oferta de playa y discoteca y sus tablaos, algo kitsch, resultaban imprescindibles para los turistas. Cuántos suecos, norteamericanos o finlandeses, con gracia más que discutible, se arrancaron al baile en noches de juerga flamenca. Varios tablaos hicieron historia en Torremolinos, sobre todo "El Jaleo", inaugurado en 1965 y propiedad de unos judíos de Casablanca, dirigido durante años por la famosa Mariquilla, y en el que actuaron figuras destacadas del cante jondo como Fosforito, Habichuela o Manuela Carrasco. Ubicado en la plaza de la Gamba Alegre, "El Jaleo" continúa aún hoy abierto con el nombre de "Tablao de Pepe López". También se mantiene abierto el conocido tablao del Tano. Otros famosos lugares dedicados al flamenco en Torremolinos, hoy desaparecidos, fueron "El Piyayo",y "Las Cuevas de la Alhambra" donde bailaron, entre otros, La Chunga y La Contrahecha. Y la sucursal veraniega del tablao “Las Brujas” de Madrid, ubicado en un local cedido por el hotel Pez Espada, y que contaba con La Polaca en su elenco. No podemos hablar de los locales históricos de flamenco en la Costa del Sol sin trasladarnos, en la distancia y el tiempo, a Marbella, donde estuvo ubicada "La Pagoda Gitana", un tablao ¡en forma de pagoda!, que imitaba el pabellón que construyó China en una feria internacional celebrada en Casablanca.

Tablao de Tano.
Cedida por Ángel L. Ramírez

Manuel Salazar.
Cedida por Ángel L. Ramírez

Locales que permanecen abiertos
A continuación enumeramos los supervivientes: hay cinco bares que han permanecido abiertos desde la época de oro de la Costa del Sol y que cumplen los tres requisitos que hemos fijado para su selección: permanecer con el mismo nombre, ubicación y decoración: “Pour quoi pas?”, “The galloping major”, “Old Dutch”, “El toro” y “The red lion”. También permanecen abiertos “Tina´s” y el “Open Arms ”, aunque la decoración ha variado algo.

El night-bar “Pour quoi pas?” Es probablemente de los más veteranos de Torremolinos. Desde su ya lejana inauguración en el cálido verano de 1968, este pequeño y coqueto local apenas ha cambiado de estética, y buena parte de su internacional clientela sigue frecuentando la barra que dirige amablemente Maite. Esta glamourosa parisina, que fundó el bar en sociedad con la aventurera germánica frau Marion, sigue obsequiando a sus fieles con whiskys de alta graduación e, intercaladas con los últimos éxitos musicales, algunas joyas de la chanson francesa (Edith Piaf) y los lieder alemanes (Marlene Dietrich).

“Pour quoi pas?” También contó (siguiendo los pasos de Gunilla´s) con otro local del mismo nombre en Sierra Nevada, cuando la estación de esquí granadina era la prolongación invernal de la eterna fiesta de la Costa del Sol.
En plena fiebre de la disco-music (1979), Maite también se atrevió a inaugurar, a varios metros de su bar, el “Why not?”, una pequeña sala de fiestas en la que, además de bailar, el cliente asitía a extravagantes espectáculos y divertidas fiestas de disfraces. La aventura acabó en 1981, pero continúa en el encantador “Pour quoi pas?”.

Bar Pour quoi pas?
(La Nogalera):
Maite y amigos (1971) y
logotipo

En la calle María Barrabino está el magnífico bar “The galloping Major" (o "El Comandante galopando", como ustedes prefieran) con aspecto de tradicional taberna británica, inaugurado en 1964 y que continúa abierto. Su primera propietaria fue Edwina Harley. El actual dueño, Manuel Vega Trigo, que trabajó en el bar desde sus inicios, ha mantenido intactos la decoración y el estilo. Es imprescindible visitarlo.

The gallopin Major (El Comandante galopando).
A la izquierda, Edwina Harley, Manuel Vega Trigo.

En la misma calle se ubican “Old Dutch”, aunque es difícil encontrarlo abierto, y “Tina´s”, antiguo Shelag´s.

Tina´s en 1974.
Foto cedida por Bob Howe
Cartel del bar El Toro

¿Quién no conoce las gigantescas copas que, llenas de sangría, cerveza u otras bebidas, sirven en el bar “El Toro”?, local que hace esquina entre la calle San Miguel y la avenida peatonal que da al tren y a La Nogalera. Cuentan que en ese lugar estuvo anteriormente una antigua hostería que en 1925 dio un sarao en honor del Maharajá de Kapurtala, esposo de la bailarina malagueña Anita Delgado. Está presidido el bar por una cabeza de toro y decorado al estilo andaluz, y cuenta con una amplia terraza concurrida todos los días del año. A su espalda continúa abierto el "Open Arms", hoy convertido en karaoke.
En la urbanización La Roca continúa abierto “Trivia”, desde 1970, pero la decoración está muy cambiada.